He querido ser "padre, hermano y amigo" de los sacerdotes, religiosos y religiosas, de todo el Pueblo de Dios. He querido ser una simple presencia de "Cristo, Esperanza de la Gloria". (Card. Pironio)
La Comunidad monástica comparte también con todos los hombres la ley del trabajo, querido y bendecido por Dios, para cooperar en su perfeccionamiento e imprimirle el sello espiritual que ha recibido de Dios.